La naturaleza captura al cine, para enaltecer con ilusión y realismo, aquel poder divino de hombres y animales. Todo ello bien repotenciado por el arte de la tecnología milimétricamente dispuesta, para ese gran monasterio de imágenes. Mágica historia que habla de dioses y mentes frágiles y poderosas, de un niño que crece para enfrentar su vida, para ganar finalmente esperanza.
La
pantalla, nos dice Ang Lee, es uno de los caminos para llegar a la creencia del
alma en todas las cosas, hasta en una isla venenosa. Todo siente en “La vida de
Pi”; es posible establecer, con la sensibilidad, cualquier especie de este
mundo. El cine se entrega con toda majestuosidad, y a sabiendas del mensaje de
la novela de Yann Martel, permite que su 3d y demás, sea tan sensible como la
vida misma.
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