jueves, 28 de febrero de 2013

Crítica: "La vida de Pi". Monasterio de imágenes.




“La vida de Pi” es un relato sobre la naturaleza fantástica del espíritu humano (y del cine). Ang Lee utiliza el arte de contar, en todo sentido, para hacer un paseo de sobrevivencia a través de maravillosos paisajes celestiales y marítimos. 



La naturaleza captura al cine, para enaltecer con ilusión y realismo, aquel poder divino de hombres y animales. Todo ello bien repotenciado por el arte de la tecnología milimétricamente dispuesta, para ese gran monasterio de imágenes. Mágica historia que habla de dioses y mentes frágiles y poderosas, de un niño que crece para enfrentar su vida, para ganar finalmente esperanza.


La pantalla, nos dice Ang Lee, es uno de los caminos para llegar a la creencia del alma en todas las cosas, hasta en una isla venenosa. Todo siente en “La vida de Pi”; es posible establecer, con la sensibilidad, cualquier especie de este mundo. El cine se entrega con toda majestuosidad, y a sabiendas del mensaje de la novela de Yann Martel, permite que su 3d y demás, sea tan sensible como la vida misma. 



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