jueves, 28 de febrero de 2013

Crítica: "Amour". Haneke en el tétrico lugar del amor


En “Amour”, Michael Haneke continua su escalofriante pureza narrativa, en este caso, en respeto de la decadencia física y emocional, de una pareja de la tercera edad. Fríos, lentos, sinceros encuadres, que repiten el mismo sentir de la sanguinaria filmografía del director. Haneke apuesta por un relato sobre el afecto y dedicación hacia un ser amado, pero siempre sometido a la frontal perversidad que lo caracteriza. 


La ternura de cada caricia o abrazo, las resplandecientes miradas de los amantes, el sufrido acompañamiento de George y Anne; no acusa algún juicio o dramatismo sobre el afecto, la enfermedad y la muerte. La honestidad de cada plano, la tormentosa paz del departamento, en donde los cuerpos hacen un denso viaje místico hacia transformarse en espíritus de ese inmueble parisino.

Anne queda en silencio y no suena una sola nota de piano. La catarsis sonora de “Amour” sigue el intermitente caminar y finalmente deterioro del personaje de Emanuelle Riva. Ella es una retirada profesora de música clásica, y esto pesa en su malestar. La fuerte imagen del piano abandonado, tocado si quiera en la imaginación de George, que no es más que una radio; o el talentoso exalumno que apenas recuerda la melodía que adora Anne. Todo en favor o castigo de la fría decrepitud representada, el fallecimiento.

“Amour” comienza con una situación policiaca, con el descubrimiento de un horrendo y pasional crimen. Lo que sigue, es el aprisionamiento a resolver este aparente asesinato, que en su concluyente respuesta, nos damos cuenta, no se trata de algún asunto de detectives o huellas de crimen, más bien, esto tiene que ver solamente con el amor. La introducción, no es más que el macabro sello del director, y la cortina que se abre, hacia una historia muy fuerte sobre una anciana muerta venerada entre flores y una ventana abierta al vacío.

Michael Haneke no deja de aterrarnos con su nueva película extrañamente oscarizada. “Amour” no guarda tantos misterios como “La cinta blanca” (que en su caso retrata los terribles cimientos de la Alemania pre-nazi), sin embargo, es también un retrato terrorífico, ahora sobre la tristeza. Retrato horrendo que parece no deja lugar para el amor, no obstante, ese es precisamente el lugar donde sucede esta historia. 



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