jueves, 28 de febrero de 2013

Crítica: "El lado bueno de las cosas". Actores en favor y sometidos a un género.


“El lado bueno de las cosas” es la nueva dosis de amor y deficiencia mental (de esas que le gustan a los Oscar), que propone, en esta oportunidad, David O. Russel. Si bien, esta comedia romántica, respeta los límites clásicos del género, quizás su gran virtud, es delimitar su mayor interés a las impredecibles y buenas actuaciones de su elenco.

El paciente principal de esta historia, es Pat (Bradley Cooper), el cual acaba de pasar 8 meses en un instituto mental, por agredir brutalmente al amante de su esposa. Este episodio de violencia, ha repercutido en su estado mental, que alerta trastorno bipolar. En su hogar, sus padres (Robert De Niro y Jacki Weaver) lo esperan con suma preocupación. A su vuelta, Pat, que tiene una orden de restricción que le impide ver a su esposa Nicky, no se resigna a terminar su matrimonio. En pleno trote, en pleno camino hacia la recuperación del amor, aparece Tiffany (Jennifer Lawrence), otra enferma mental, que en su caso, ha perdido a su esposo en un accidente. Tiffany es cercana a Nicky, a lo que Pat no dudará en usarla como el nexo necesario. Ella, por su parte, aprovechará el interés, para a cambio, éste sea su pareja en un próximo concurso de baile.

Así se desenvuelve el careo, el boca a boca, de estos dos personajes, "chico y chica", que en todo momento evidencian, tragicómicamente, su desequilibrio mental, hacia el punto de querer verlos bailar algún “cha cha chá”. Y este caótico encontrón, como era de esperarse, no es más que la romántica rehabilitación para los dos, la disciplina ante su descontrol.
Pat,  vestido casi todo el tiempo con un buzo deportivo, es el chico que no seduce a primera vista a la chica, Tiffany, aquella que invita al baile.  Sin embargo, la película nos obliga a edulcorarnos de esa segunda vista, de esa carta falsa, tan deprimente al principio, y finalmente, romántica. Nos apaña de “bonita” esperanza para estos desadaptados del barrio y del amor, estos inútiles para las citas y la conversa estándar. Y al final, ya ve tú si te crees el cuento de “loco y loca se enamoran”.

“El lado bueno de las cosas” empieza como una buena y desafiante película sobre el fracaso amoroso y la enfermedad mental, y termina como una suavecita historia de amor para un público un poco más exigente de lo normal. No obstante, vale la pena ver a Robert De Niro (auto-revisándose), aportando su propia dosis de desestabilidad, con obsesión y superstición. A Jacki Weaver, como el indefenso rostro de familia, en el que decae todo el lunático linaje masculino (realmente provoca ternura y pena). Jennifer Lawrence, una actriz con una actual carrera actoral de multipersonalidades, que le permiten, en esta película, ser tan impredecible una vez más. Y Bradley Cooper, que se descubre como un hombre frágil y magullado.




Agradable película, con un remate caprichoso, culpa de la sobredosis actual del género.

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